Los aciertos y errores de la New Age

Mucho se ha hablado y dicho sobre el concepto de Nueva Era en los círculos esotéricos, y no con falta de razón. Hoy, y para estrenar nuestro blog, volvemos a sacarlo a la palestra no sólo para hablar de él, sino también para intentar examinarlo y ver cuáles han sido sus grandes errores y, por qué no, ver también cuáles han sido algunos de sus aciertos.

El concepto de Nueva Era no es precisamente algo novedoso. Desde finales de los años 60 y principios de los 70 este movimiento descentralizado ha estado dando coletazos por el mundo y ha influido de una manera notable en nuestra cultura. Podríamos decir que la Nueva Era fue una consecuencia lógica de un mundo que escalaba hacia la globalización masiva, y en el que el materialismo y el cientifismo generaron la necesidad de una antítesis que devolviese el sentido y el sentimiento a los individuos. Es entonces cuando la herencia de los ocultismos de los últimos tres siglos, los conocimientos mágico-religiosos traídos por las colonizaciones, y una serie de preceptos pseudocientíficos, fueron creando una amalgama de creencias normalmente centrada en el pensamiento mágico, en la búsqueda individual de un misticismo experiencial y el crecimiento personal.

Podemos definir la Nueva Era a través de sus características más notorias, que a su vez nos describen parte de sus errores estructurales:

  • La Nueva Era tiende a ser individualista. Este movimiento suele otorgar al individuo de una autoridad y poder espiritual o mágico que lo sitúan como protagonista y creador de su propio viaje.
  • Se enfatiza mucho el valor de la experiencia personal y se exalta el “hazlo tú mismo”. Uno de los valores más ensalzado es el retorno a una espiritualidad personal que ofrezca experiencias íntimas sin necesidad de intermediación de terceras personas.
  • Se hace mucho hincapié en la necesidad de la sanación y autorrealización interna personal, probablemente acentuada por el individualismo. La búsqueda de una salud espiritual, psíquica, emocional y física desde un punto de vista más holístico es un elemento protagónico en la Nueva Era. Por ello, muchas prácticas que en otros contextos han tenido un enfoque más pragmático, con la Nueva Era se convierten en una vía de desarrollo personal o búsqueda de esta salud total.
  • Pensamiento mágico poco argumentado y supersticioso. En la New Age muchas creencias y prácticas que pertenecen a una forma mágica de ver el mundo no están sustentadas en una forma coherente de verlo. La amalgama de ideas carece de fundamento cultural y esto nos lleva al siguiente punto.
  • Creencias espirituales dispares, vagas y contradictorias. No hay una única creencia que defina a toda la Nueva Era y, de hecho, en sus faltas de límites está su propia definición. La mezcolanza de elementos es enorme y abarca diferentes campos: ocultismo, misticismo oriental, parapsicología, física cuántica, tradiciones nativas… Aunque suele argumentarse el sincretismo como una forma de universalidad, la falta de límites hace que las ideas metafísicas en las que se basan la mayoría de sus seguidores carezcan de profundidad.
  • Se toman y reinterpretan mitos, religiones y enseñanzas de diferentes culturas. Normalmente, la reinterpretación busca no contradecir éstos sistema de creencias, sino complementarlos a través de una supuesta liberación del dogma y las tradiciones que las atan al pasado. La mayoría de las reinterpretaciones descontextualizan lo tomado y lo transforman en algo diferente de lo que era en principio, por lo que se pierde su valor original.

 

Todo este movimiento, por un lado, ha supuesto que miles de personas tengan la inquietud de acercarse al pensamiento espiritual o a determinadas prácticas mágicas. Muchas prácticas como el yoga deben su rápida expansión a la Nueva Era, y gracias a esto mucha gente puede beneficiarse de los aspectos positivos que éstas traen. La Nueva Era nos ha acercado términos que de otra manera no conoceríamos y, gracias a ella, muchos de nosotros conocimos cosas como la Wicca, los chakras, el espiritismo o las runas, por poner algunos ejemplos.

A pesar de esta parte positiva, el acercamiento que ofrece la Nueva Era a muchísimos temas es superficial y suele estar rodeado de una cantidad enorme de desinformación. La falta de profundidad se convierte en crítica y hace que la información falsa corra por doquier, normalmente impulsada por aquellos que pretenden convertir muchos de los temas que se tocan en parte de un comercio. No pretendo criticar a la gente que vive de lo que sabe hacer o de la venta o enseñanza de temas mágicos o esotéricos (qué hipócrita sería si lo hiciera), más bien pretendo remarcar que en un ambiente donde nadie ha puesto los límites porque venimos de un pasado excesivamente laxo y ecléctico, debemos ser más cuidadosos que nunca. Es lícito pagarle a alguien por lo que hace, igual que hacemos con artesanos, artistas, atletas, profesores o abogados, pero tenemos que ser conscientes en qué contexto se hace.

La Nueva Era nos ha enseñado en qué errores no debemos caer si queremos que en lo que creemos no sea desvalorizado. La era de la información nos enseña a que no todo vale, por lo que podemos extraer algunas conclusiones interesantes sobre los errores que no hay que cometer:

  • Respetar el contexto y las tradiciones de los mitos, religiones y enseñanzas a los que nos queremos acercar. Éste es probablemente el punto más importante de todos, puesto que no sólo implica cuidar y entender las culturas, sino también no intentar transformarlas en algo que no son para nuestra satisfacción o comodidad. Es sano reflexionar por uno mismo sobre todo lo que se aprende, pero descontextualizar y apropiarse de algo sin comprenderlo desde su verdadero interior es vaciarlo de vida. Toda práctica mágica, esotérica, religión, cualquier cosa a la que nos queramos acercar, debe ser transmitida por alguien que haya vivido, aprendido o recibido esa enseñanza de una manera fidedigna. Debemos remitirnos al origen de las cosas para buscar la pureza y, sobre todo, no caer en el eclecticismo ni los sincretismos forzados.
  • Revisar el individualismo y comprender la importancia de la comunidad. Y no nos referimos a las comunidades virtuales, nos referimos a nuestro entorno inmediato real. Muchas veces queremos aprender cosas que son para “ayudar”, “curar” o “colaborar” y, curiosamente, jamás las usamos porque la gente de nuestro alrededor no sabe que cuenta con ese apoyo o, directamente, no sabe/quiere valorarlo. También es importante entender que el desarrollo personal no sirve de nada si no cumple también con esta faceta comunitaria.
  • No convertir en un camino de autorrealización lo que nunca lo ha sido. La autorrealización va más allá de un conjunto de creencias y prácticas y abarca muchos más aspectos de la vida que sólo los espirituales o mágicos. Convertir una práctica mágica o una creencia religiosa en un camino de desarrollo personal suele desvirtuar el contenido y deformarlo. La autorrealización se logra a través del trabajo personal en conjunto en muchas áreas, no sólo a través de una serie de ejercicios místicos o mágicos.
  • No conformarnos con las explicaciones de nadie ni nada y siempre buscar aprender y reaprender las cosas. Revisar las supuestas autoridades nos permite comprender que, muchas veces, los errores también pueden repetirse hasta la saciedad para (casi) intentar convertirse en verdades. En algunas ocasiones por ignorancia, pero en otras ocasiones por maldad, no lo olvidemos.

Sin duda, somos hijos de nuestra historia. No podemos negar lo que les debemos a los que nos precedieron, tanto para bien como para mal. La Nueva Era nos trajo cosas interesantes y abrió las miras de mucha gente durante varias generaciones, pero también ha sido un caldo de cultivo de desinformación y de apropiaciones indebidas a lo largo de su historia. Debemos reconsiderar el origen de lo que sabemos para respetarlo y, de esa manera, generar apreciaciones culturales desde el conocimiento real de los temas a los que nos acercamos. Busquemos desaprender lo que nos ha traído el exceso de información y quizás comenzaremos a reeducarnos hacia una búsqueda del conocimiento respetuosa, profunda y que ofrezca y reciba respeto de cara al resto del mundo.

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